
Las veo desde mi suspirar, tan tranquilas y a la vez agitadas, tan distinguidas a mis ojos. Ellas danzaban la más suave melodía, dando simples movimientos, envueltas por el río de viento frío, por el aire húmedo y sincero. Resecas, pero felices. A la espera de más música, de mas vida. Cautelosas y pacientes, esperan ser deslizadas hasta besar la fertilidad, la riqueza más rica, la humildad más compleja. La última etapa de su vida ha llegado, saben lo que les espera, aceptan el cambio, lo aceptan.
Envidio su tranquilidad, su pureza. Dejaré mi orgullo, dejaré mis ideales, lo haré con el fin de igualarlas, de sentirme sólo una más en su ambiente, en su naturaleza.


