Algo en mi y algo en él, había cambiado.
Hice lo que el corazón me mandó, sólo que lo hice por compromiso y no por sentimiento, sólo que esa noche no sentí nada por él, sólo que esa noche todo fue como siempre pero algo en mi y algo en él, había cambiado.
De día aún, logré calmar el nudo en mi garganta, un llanto muy frágil lo desató.
Hice lo que el corazón me mandó, un abrazo, una frase débil, un beso en la mejilla y un adiós, no un hasta luego. Subí al colectivo "1.75, Por favor", me senté y al girar la cabeza lo vi caminar ya del otro lado de la calle, sin un temblor en el cuerpo. Un árbol tapó mi vista por un instante, un instante donde el alma le volvió al cuerpo, donde pareció ser humano otra vez. Las hojas dejaron de estorbar y lo ví, mirándome, sólo un segundo.
Sentí un ardor en mi pecho y vi un adiós en sus ojos, un claro y profundo adiós.
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