Acogedor y llamativo me atrajo de maneras increíbles, tan seductor y tan solitario. Me rogaba que me siente en el y aparte aquel sufrimiento lo mas rápido posible, ante tal pedido no pude evitar sospechar, pero la curiosidad supero todo. Me sentí cómoda, extremadamente cómoda y allí con mis ojos descubrí horizontes que no se encontraban en mis días anteriores. Pasaba horas enteras sentada en ese cómodo rejunte de maderas ignorando todo a mi alrededor. La magia abarcó mi mundo y me sentí Dios.
Uno de esos momentos donde nada puede fallar, una daga de hierro atravesó la suave y polvorienta tela y se clavó en mi delgada e indefensa piel.
El murciélago me observaba sigilosamente, mi sangre lo atrajo y sin pensarlo se echo a volar sobre mi cabeza, buscando el momento justo donde atacar.
Corrí, ¡ellos me habían tendido una trampa! que profunda traición, la que te ataca por la espalda y rodea tu cabeza cegando la razón.Al saltar de adrenalina me reflejé en el espejo donde vi mi temor, vi mi piel desnuda y verdades pintadas en las paredes, el dolor mostró una realidad que antes estaba oculta y solo era cuestión de tiempo para que se revele ante mi.
Regresé mi mirada hacia la madera y pude ver plácidamente al vampiro, que me examinaba recostado sobre el sillón exclamando agradecimiento.
Es el día de hoy que piso nuevamente esta habitación, y veo las huellas significativas -para mi ayer- que mis pasos dejaron aquella noche de desvelo.

