Las más finas damas, cansadas del engaño las cubren con tela, guantes salvadores de dolor, dejan mucho que desear a la expresión. Un mundo de magia habita entre ellas, atraen las energías azuladas del ambiente; las camuflan bajo aquel manto de protección.
Tiemblan ante la duda, ese abismo entre la razón y la acción y se unen ante el miedo buscando ser un sólo ser.
Miro tus manos y veo ese mundo que cada tanto me gusta asomarme a espiar, no hay nada que disfrute más que ver tu interior desde lo lejos, sin aparecer, sin significar, sos sólo vos y vos y nadie más.
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