Sin duda, los otros aspectos de quienes somos han de ser nuestros amigos más íntimos... ¿Quién puede estar más cerca de nosotros que nosotros mismos en otros cuerpos, nosotros mismos en formas espirituales? Si cada uno de nosotros ha sido hilado alrededor de una hebra dorada interior, ¿qué hebra, en mi, es la que corre por todos los otros?
En el acto de oír, pensé, una gran parte consiste en escuchar lo que esperamos y no sintonizar el resto. Yo estoy adiestrado para oír la charla de los aviadores; ella está adiestrada para oír la música en donde yo ni siquiera sospecho que la haya. ¿Ocurrirá lo mismo con la vista? ¿Acaso sintonizamos nuestros ojos para no ver visiones, ni OVNIs ni fantasmas? ¿Acaso nos cerramos a ciertos sabores, apagamos nuestros sentidos, hasta descubrir que el mundo físico es exactamente como queremos que sea, no ya un milagro? ¿Qué parecería nuestro día si viéramos en infrarrojo y ultravioleta, o si pudiéramos aprender a ver las auras, lo futuros sin forma, los pasados que no se dependen?
[Estas preguntas enferman mi mente]
-El Puente Hacia el Infinito, de Richard Bach.-
0 comentarios:
Publicar un comentario