viernes, 17 de diciembre de 2010

Alma

El camino insípido fue recorrido por mis pies. Fue largo en tiempo, pero corto en textura, en sabiduría. Las piedras rozaron mis dedos y los dañaron, nadie los protegió. El pasto y las lombrices llegaron de a poco y demostraron que hay algo más en aquel camino que las piedras parejas del suelo.
El pasto crece, lo siento por todo mi cuerpo. Mis manos conocen nuevos lugares, se vuelven particulares y aprecian lo invisible, lo sobre-humano. El viento me carga, la energía fluye y el sol me ilumina. Los pies se vuelven conocidos, quieren correr más lejos. El camino se vuelve infinito, se vuelve horizonte -dicen que el horizonte es inalcanzable, eso quiero, vida inalcanzable- corren sin sentir la descarga y felices se permiten la llegada insaciable del amor. 
Nunca satisfechos quieren crecer, pero como un cuerpo abandonado necesitan la mente, necesitan las piernas. Las desarrolla y las vuelve ajenas a su piel, corre más rápido y aprende a saltar aquellos posos que antes parecían precipicios. 
Las piernas se cansan hasta sangrar, el camino se volvió áspero al pigmento.
Todo parece alejarse y los árboles pierden gran parte de su cabello. Lo natural envenenado aterra y oscurece mi perspectiva. ¿Dónde estoy? el río corre, pero no hay agua en el.
Éste no es mi camino, y éstas no son mis piedras. El rechazo es inevitable... se siente profundo y es uno de esos momentos en que sólo pensás en escapar lejos de aquel lugar. El nudo en mi estómago se hace sentir, las ideas picotean mi mente y nada es estable. 
Quiero regresar, pero mis piernas cambiaron... sólo por momentos quiero regresar.
Me aterra el estancamiento, necesito moverme. ¿A donde iré? los caminos están inundados de mediocridad.
El sol parece explotar y es hermoso ver el estallido, pero tan triste ver la plena oscuridad. El momento es exquisito y lo disfruto, vale saltar el río si en la orilla hay arena para amortiguar la caída. 
Todo se vuelve relativo y no me encuentro en ningún lado. Es como dice una hermosa canción Eres tu cierta paciencia como para ver cuando estás equivocado, o son los demás. basta saber pensar.
Al no haber un "Yenkui", ¿Cómo saber hacia dónde volar?. Faltan años luz para que mi cuerpo se asemeje a mi alma. Necesito que estés conmigo, ¿Hacia donde se fue mi lluvia?
Extraño las piedras... las heridas ya no están y algunas marcas quedan, pero todo sanó y parte de aquella sabiduría que parecía perdida, hoy regresa a mi.

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