Recordar, nunca pude evitar recordar... recordar con canciones, con películas, con momentos del día, de la noche, recordar con colores, recordar con risas, recordar con abrazos o con comida. Nunca pude evitar recordar con el clima, el frío por ejemplo...
Recuerdo que hace un tiempo atrás golpeé una puerta de madera, de extraña cerradura. Por una pequeña ventanita del costado izquierdo fluía un delicioso aroma a sahumerio. Alguien salió pero el reloj no marcaba mi hora, entonces ese alguien me entregó un libro, una especie de manuscrito. Recuerdo, si recuerdo bien, era de color verde. Recuerdo también que tenía poemas, muchos poemas que lloraban dolor, mucho dolor... Alguien apareció nuevamente desbordando, como era habitual, carcajadas por el aire y con un gesto y una suave palmadita en mi hombro, me dió un té bien azucarado (como debe tomarse el té) en un vaso de plástico azul. Leí por alrededor de media hora ese pedacito de alma desnuda, y amé -no en un sentido romántico ni meloso- a ese alguien que lo escribió.
Perdón por recordar, a veces tantas veces, el frío de aquel lugar y a ese alguien ofreciendo siempre, un dulce té amarillo.
0 comentarios:
Publicar un comentario