"Utopía
Ella está en el horizonte.
Me acerco dos pasos,
ella se aleja dos pasos más.
Camino diez pasos
y el horizonte se corre
diez pasos más allá.
Por mucho que yo camine
nunca la voy a alcanzar.
¿Para qué sirve la utopía?
Sirve para eso:
para caminar. "
Eduardo Galeano
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Piso Doce
Una de las preguntas más incómodas de las conversaciones triviales es "¿Y vos qué haces de tu vida? ". A partir de esa sucesión de palabras que sale de la boca del individuo que se presenta frente a nosotros, uno piensa: ¿Qué es lo que hago? .
Soy ascensorista, respondo. Vivo encerrada entre mis cuatro paredes, hay un movimiento constante, veo gente ir y venir todos los días a toda hora. Algunos gritan sus verdades como si todo el mundo quisiera escucharlas, otros ingresan en mi pequeño aparato con la pisada dudosa y suave, con la sensación de suelo ajeno bajo los pies. Algunos me ven cara de oreja y me cuentan sus historias. Algunos simplemente comparten mi silencio.
Lo más difícil es controlar el ascenso y el descenso, la gente exige constantemente una dirección contraria a la que una como operadora puede dar. Voy contando nueve, diez, once y cuando por fin estoy llegando al último y glorioso piso doce, algún pasajero exige el siete, entonces debo desistir de mi alegría y de la luminosidad que brindan las alturas, para descender a la oscuridad de un piso que no es ni siquiera la mitad justa del edificio.
Una de las muchas ventajas que me da manejar mi propio ascensor, es que puedo decidir entre abrir o no abrir la puerta. Claramente no es un beneficio permitido... pero en la práctica nadie me controla y el ascensor sigue su rumbo diario, ya sea hacia el subsuelo gris o hacia el sol eterno y renovador del piso doce. El subsuelo es húmedo, hay sombras lentas que atraviesan los montículos de escombros, hay eterna soledad. El ascensor tiene una luz tenue, tendría que estar más iluminado, pero cuando el que lo maneja siente frío, la luz se disuelve rápidamente. La única manera que conozco para salir de la oscuridad es que alguna persona-instante apriete el botón y me llame, me busque, me necesite para que lo traslade lejos, hacia un nuevo rumbo inesperado y con suerte al bajarse me diga "Gracias" y quizás un "hasta luego". Entonces la soledad deja de tentarme y subo velozmente y con entusiasmo hacia el piso que titila en mi tablero.
Esas personas-instantes son los seres que suben y bajan sin saber que con solo presionar ese pequeño amigo circular y brillante, están llevando a cabo la salvación de una humilde y sencilla ascensorista. Esas son las personas que yo llamo amigos. Esas son las personas que yo llamo familia.
Dedicado a Rami, mi wookie, el jipi y mi mamá, por la paciencia y la ternura de siempre, estaré eternamente agradecida.
1 comentarios:
Gracias por dejarme viajar con vos (como siempre).
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