Todo parecía construido para gigantes, ¿En dónde estaba el mundo para las mujercitas normales como yo? Piernas de metros y metros amagaban a pisotear mis pequeños pies.
El hombrecito y yo caminamos tras de Él -el gigante guardián- y tomamos con nuestras diminutas manos su abrigo, esquivando brazos y carritos ajenos. El gigante nos miró con asombro al ver que dos pequeños colgaban de su saco y vimos sin saber, por primera vez, una cara desconcertada. ¡Ese no era nuestro gigante guardián!
Muchachita: ¿Quién es el ser de la extraña gesticulación?
Hombrecito: No lo sé.
¡Terror! Dos pequeños en un mundo de gigantes, el miedo nos mortificó.
Entre medio de los super-hombres aparecieron sus enormes zapatos -los del gigante guardián- y con nostalgia abrazó nuestros pequeños cuerpecitos.
(Lo que fue perderse en un Supermercado)
(Lo que fue perderse en un Supermercado)
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