.
Tal reencuentro es el destino fatal, y cándido
como un beso de despedida,
cálido y suave, desgarrador y sin piedad
entrelazará los espiritus en un nuevo comienzo.
Nos reencontraremos,
buscando el uno en el otro
eso que tanto nos hace falta:
un quiebre en el tiempo,
un respiro en lo profundo.
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