jueves, 12 de enero de 2012

Cielo.

Creo que hay pocas cosas que me hacen reflexionar tanto como mirar un lindo e imponente atardecer. No sólo por el significado de un final, o la cercanía de un comienzo, sino porque uno tiende a cuestionarse de pies a cabeza su vida y nace por dentro ese pequeño niño aventurero que sólo quiere correr y conocer nuevos mundos sin pensar en las barreras que impiden la acción. Siempre soñé con irme lejos un tiempo.
Creí hasta ayer que todos queríamos hacerlo, pero aprendí que la soledad no es para todos. Creo que la sola idea de tener que planificar un viaje en soledad me emociona. Siempre intenté alejarme de la soledad, pensando que era algo oscuro, triste. Ahora que lo pienso mejor, las cosas que realmente quieren salir de mi y brillar las hago en completa soledad, no hay nada más molesto que intentar sacar una buena foto y tener a alguien al lado tuyo mirando, o intentar improvisar o crear algo de música y tener un oído cerca, o escribir y tener un lector a tu lado. Supongo que lo más puro de uno sale cuando uno se encuentra solo, sin tener una influencia, buena o mala, cerca. El silencio me gusta, ayuda a aclarar las ideas. Ando muy callada, tengo ganas de irme en completa soledad, sin tener que forzar el habla por simpatía o simplemente por comunicación básica. Creo que ya hablé demasiado, sólo queda pensar y liberar un poco el alma.

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