Querido amigo:
Debo confesar que no hay mal que vos hayas causado, o si, es probable, ya que el mal no aparece solo, pero no es por vos que mi alma se siente así.
Deberías sentirte bien, despreocupado. Ayer comprendí amigo, que a veces no es bueno ser impulsivo, no siempre hay que dejarse llevar por el momento, (siempre pensé que vivir el momento era lo importante, lo único que valía la pena, lo único que nos hacía sentir vivos) no ayuda al corazón reponer sus pedazos rotos, hay que intentar no romperlo desde un principio.
Luego de horas de pensar descubrí que no se rompió de ilusión, de ausencia, de desamor, se rompió de decepción interna y es por eso que deberías sentirte bien.
No es tu interés el que influye en mi, no es tu persona, no es tu corazón, soy yo que no se caminar sobre una línea recta, soy yo que no se hacia donde correr.
Tu compañía me traía sonrisas, me trae sonrisas de amistad, no pretendo nada más.
La preocupación que tenes por mi se basa en cuanto dolor pueda yo tener por vos, y no por otra cosa.
No dejes que alguna culpa absurda termine con esta amistad, que por mayor distorsión que viva, amistad es y será.
Te quiero, quizás no vuelvas luego de saber esto, pero no me importa porque yo se que no hay una intención oculta bajo ese sentimiento de amistad, siempre de amistad.
0 comentarios:
Publicar un comentario