jueves, 21 de junio de 2012

Cartas al Rey de la Cabina

Me despierto tarde para no ver la lluvia, para no ver el sol, para no ver la vida sin vos. Para no ver la vida sin tu alma, sin ese pedacito de tu ser que iluminó tanto mis días, que me llevó a tanta luz, tanta luz, tanta, luz.
Querido Rey de la Cabina:
¿No sabías que te iba a buscar por todas partes, por donde fuera? ¿Por qué no lo hiciste más fácil? No hubiera ido contigo de todos modos, si no querías, pero, ¿Acaso no lo querías? Júralo que no. Pero, entonces, ¿por qué irse de esa manera?
Ahora sé que esta carta te va a llegar, aunque no te la den mis manos te va a llegar, me pregunto: ¿Cómo será tu mundo ahí? Todo lo que tuve que adivinar, tu silencio me llenó de palabras que iba encontrando, hebra con hebra.
¿Querés estar solo? ¿Era tanto ruido el amor?
Son demasiadas preguntas, incluso para quien no puede oír. Ya imagino tu cara (no te preocupes, no tienes que poner otra. Puedo imaginar tu cara, sólo eso).
Mejor te hablo del tiempo, por ejemplo, que no es época de lluvias, y llueve.
Todo se moja sorprendido.
Cómo es la vida, ¿no? Será que uno se acostumbra a que, si todos los días sale el sol, el resto tendría que ser igual de previsible, y quizás, eso sea lo único que podamos esperar con confianza. Lo digo sin tristeza, y sin enojo, hay tanta libertad en esa idea de lo imprevisible (tú, que nunca podrías ir por un camino trazado, bien que me entiendes).
¿No son adorables los caminos mojados?
Hoy podría haber regresado en el autobús, más rápido y más seca. Pero vino la lluvia y ¿qué hubiera hecho ahí encima entre las caras cansadas de otros pasajeros? Me metí por el camino de tierra, de barro, es decir. Encontré ese pedazo de cielo roto, ese vuelo quebrado, esa avecita muerta, y yo y la lluvia y ya sabes...
Ya tenía mi cuaderno empapado, de todos modos, lo apoyé en una parte más seca (imposible, llovía, ¿te lo dije más de cien veces hasta que se humedezca la piel de esta carta?). Cavé un pequeño hueco con la mano, tomé el ave (¿se sigue llamando así?, aún cuando las alas... ya sabes). La guardé ahí, la cubrí. Y antes de que se tapara del todo, alcancé a ver cómo se convertía en un pez azul. ¿Guiñó un ojo? De eso no estoy segura, pero me pareció (de todas maneras, ¿me lo creerías?). Lo pondré así: creo (creo) que guiñó un ojo. Tal vez arrojó un beso, o simplemente se movió como cuando uno nace, y se dejó caer hasta el arroyo que pasa ahí cerca (ya lo conoces).
Puse las palmas hacia arriba para que la lluvia me lavara las manos. Luego tomé el cuaderno, y seguí caminando, mirando hacia atrás, viendo las huellas que dejaba, toda llena de preguntas, por ejemplo:
¿Desayunas? ¿Has visto caballitos de mar? ¿Y danzar a las algas?. Estoy segura de que tienes un perro, ¿Cómo se llama? ¿O cómo te llama él? (es una broma, no te enojes. ¿ Te has lastimado usando el hacha? ¿Pasaste frío alguna vez? (quiero decir: ¿hubo algún norte muy fuerte?). ¿Te volvieron más callado las estrellas? ¿Sigues haciendo juguetes? ¿Desde cuándo sabes manejar una grúa? (Ay, una pregunta, ay, que no quisiera escribir porque haría que te dobles hasta huir por el túnel de tus propios bolsillos), pero (cuatro letras que hacen una puerta mágica), pero ¿Cómo no voy a hacértela? La tengo desde el día en que descubrí que faltaban fotos (¿pensaste que no me daría cuenta? no sé por qué lo pregunto, sé que lo hiciste a pesar de eso). Tú que no llevas más que menos de lo necesario ¿Por qué cargaste con algo tan pesado como mis fotos? ¿O no pesaban? ¿Pudiste, por fin (¡ojalá, por favor!) ver que esa línea de tinta azul como el pez que seprentea en la hoja después de obedecer mi mano no eran rejas? ¿Harías el enorme milagro de usarla como alas? Nada te atrapa porque todo lo hace. ¿Me darías, entonces, el enorme regalo de ver la pequeña serpiente azul de esta carta, esta huella azul de mi pensamiento en la hoja, como una sola línea que juega para abrazarte y la risa?



Luis María Pescetti



(Y sí, lo tengo, como todo lo que me diste, que fue tuyo y mío, y de los dos, y tuyo, y después, otra vez, mío al fin y con tristeza, sin vos)

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