Sabía que quizás no regresaría pero eso no la detuvo. Consiguió monedas, tomó el colectivo y llegó al trabajo... Fue el segundo día de un "nuevo mundo".
Estuvo allí algunas horas y cuando regresó a su casa el cielo estalló, las nubes de carbón en lo alto y un río que caía por todo Buenos Aires hizo que ella se asustara.
En la casa solitaria había agua por todos lados. Ella entró sigilosa, espantada.
Fue en busca de velas, las correntadas de viento recorrían toda la casa ; puertas y ventanas se golpeaban constantemente y el sonido del viento hacía erizar su piel.
La luz ténue de las velas creaba un ambiente siniestro, todo producía sombras tenebrosas, las paredes bailaban con la iluminación y ella lloraba en un rincón.
Llegó su hermano y se hizo la luz, todo volvió a su lugar y finalmente se quedó dormida plácidamente sobre la cama, con los pies embarrados y la sonrisa tranquila.
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