Buenas noches, hermana. No era mi intención llamarte a estas horas, supongo que estarás ocupada. Pero... ¡Ay hermana! Si no expreso lo que siento en este instante jamas habría testigos de mi último dolor. Si pudieras verme ahora, querida... moriría de pena tu alma mirando mis ojos. Necesito, entonces, que escuches estas palabras, solo así podré partir tranquila.
Hace mucho tiempo que el tiempo, para mi, no significa nada. Los días, tan fríos días de este cruel invierno, pasan a mi lado como fenómenos ajenos a mi mundo. Cuando al fin encontré un momento de paz mire a mi alrededor, a esas cuatro paredes que fingen ser alegres, pero no lo son; y me acobardo verme tan sola. Tal vez te preguntes por qué, si siempre pareció atraerme la soledad. Debo confesarte algo, querida, a nada temo mas que a la oscura soledad. Por ella no soy mas que una sombra de mi pasado. Aquel pasado hermoso en que fui feliz.
Yo no era nada, ¿Recordás eso? No era nada, hasta que lo conocí. Si hermana, estoy hablando de él. De aquel hombre que despertó en mi los sentimientos que nadie volvería a despertar jamás. Es por él que recurro a vos de nuevo, como cuando eramos niñas. Descubrí que no hay tiempo, distancia o diluvio que pueda borrar las huellas que dejo sobre mi cuerpo. No hay mañana en que despierte sin pensar en él, ni brisa que olvide el aroma de su piel. Es mi vida, y mas que eso. Sus caricias, todas y cada una de ellas, estremecieron mi cuerpo hasta el limite de mi entendimiento. Cada beso elevo mi alma hasta el cielo; su amor me hizo volar. ¿Sabes? Creí que nunca podría sufrir mas que aquella tarde en que, con un ultimo abrazo, me dijo adiós. Pero me equivoque. Es verdad, ese abrazo fue desgarrador, pero aun no te he contado lo peor. No te das una idea de como lo extraño, hoy mas que nunca. Se que te he dicho muchas veces que ya no lo quiero, pero ¡Por dios, cuánto lo quise! Y ¿Cómo no quererlo? ¿Cómo, cuando había explorado y entendido cada rincón de su ser? ¿Cómo no haber amado aquellos ojos que desnudaron mi alma por completo? Sin embargo siempre supe que era un pájaro libre, tarde o temprano se iría volando de mis brazos. Me resigne e intente olvidarlo. Intente mentirme a mi misma. Jure que NUNCA volvería a pensar en él. Pero todos mis esfuerzos fueron en vano. Cuándo es el corazón quien domina no hay razón que pueda interponerse. ¿Qué podía hacer, hermana? ¿Qué hubieras hecho vos? Desidí buscarlo, segura de que al verme después de tantos años volvería a la mujer que tanto lo amó. "Después de todo el sigue siendo el mismo..." Eso pensé.
Me impulso el terror de morir en el olvido, y otra vez camine esas calles que tanto frecuentaba. ¿Sabés qué, hermana? Mi misión de buscarlo fue un rotundo éxito. Aunque los resultados no fueron los esperados.
Cuando salía del bar lo vi doblar a la esquina, caminando hacia mi. Pero no estaba solo, iba con él una hermosa muchacha que lo tomaba del brazo. Tenia en su cuerpo una belleza deslumbrante, esa que yo nunca tuve. Cada músculo de su rostro, cada articulación de sus dedos denotaba armonía. Mis ojos se llenaron de lágrimas, y entonces pensé en aquellos que fuimos cuando fuimos uno los dos. Pensé en esos días que pasamos caminando juntos, tomados de la mano por el parque de la estación. Pensé en la aventura de cada encuentro, y en lo más profundo de mi ser sentí como todo ese universo se derrumbaba, como si nada de eso hubiera pasado realmente. ¡Qué estúpido error fue volver a buscarlo! Nunca pensé que pudiera darse así. Como yo nunca volví a amar, no creí que el pudiera haberse enamorado. Lo salude, y apenas supo ver quién soy. De lo que fue, ya nada es lo que quedo. Y ese fuego que en mi pecho aun se enciende solo sirve para quemarme el corazón. Estoy muriendo hermana, sin exagerar. Es por eso que quería confesarme. Si no es un beso el destino final, y el olvido se hace dueño de mi historia, quiero que al menos escuches las palabras que hoy quiero decirte. Éstas, mis ultimas palabras, antes que la noche se termine y el último suspiro se haga dueño de mi alma.
Carolina Rivarola.
0 comentarios:
Publicar un comentario