viernes, 16 de septiembre de 2011

Suyas y mías

El colectivo andaba entre autos voladores, me levanté del asiento y tras la palabra "Parada" el colectivo se detuvo. Bajé y lo vi, el estaba sentado del otro lado de la estación con su Polar Azul que combinaba con uno de sus ojos. Me vió y yo lo vi ¿Cómo puede ser esto posible? ¿Cómo podés estar ahí sentado mirándome Papá?. El corrió y yo corrí, y me dió el abrazo más puro que alguien puede dar. El tenía una sonrisa de oreja a oreja.
Desperté llena de lágrimas, suyas y mías.
Los sueños, a veces, son reales.

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