Regalame besos de despedida, la pena se quedará en mi de todos modos. Haz de este último encuentro un mundo perfecto, donde pueda vivir mi mente en agonía. Ya no veré tus ojos, tus pequeñas ventanas que por momentos iluminan esa extraña caja. Mañana extrañaré tu voz, pero ese es el precio de querer supongo, ese es el precio de llenar los agujeros oscuros con pequeñas partes de alguien más.
Nadie prometió que fueras diferente, nadie juró que no te irías.

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